Ilustración de Guillermo Trapiello.
Poeta y crítica literaria. Nació en Salamanca en 1982. Es licenciada en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y en Periodismo, ambas por la Universidad Complutense de Madrid, donde también ha realizado un Máster en Estudios Literarios. Ha trabajado como colaboradora en diversas editoriales y escrito para revistas y periódicos como Territorio Macondo o La Gaceta Regional de Salamanca. Actualmente vive en París, donde da clases y prepara su tesis doctoral sobre la estética del modernismo. Límites (2008) es un poemario en el umbral: un espacio fronterizo entre el mundo de las imágenes y el de los lectores, en el que la autora, seducida por sus cantos de sirena, ha cedido a la tentación del abandono al lenguaje que se busca a sí mismo.
She’s a poet and literary critic, born in Salamanca on 1982. She has a wide academic trajectory in the Universidad Complutense de Madrid. She has collaborated in several periodical publications and publishing houses, such as Territorio Macondo or La Gaceta Regional de Salamanca. Currently, she lives in Paris, teaching and preparing his PhD final paper on the esthetics of modernism. Límites (2008) is a book of poems in the threshold: a border space between the world of images and the reader. In it, the author, seduced by her own siren calls, surrenders to the temptation in the abandon of the language which seeks itself.
Textos sacados de LÍMITES (2008).
Isabel González Gil
1.
¿En qué parte tú de mí?
¿En qué parte tú has?
El cristal queda abajo, sirve para: a) catalejo b) gafa de niño escondido en los soportales c) rueda imparable que recorre a un golpe Madrid por los suburbios, el mundo por entre las aceras, los pasillos a un soplo de viento colocado en la posición correcta,
esta nuestra posición correcta,
el instante que acontece
avalado por las rocas que no se desprendieron
no
sobre los grandes reptiles,
los pasos todos durante siglos,
el encanto,
tu has,
ese gorrión cantando sobre la acacia
dice el destino, la mano sobre la tecla
naciéndote, dice el destino,
contiene
acaso en su yema,
acaso en sus átomos,
la presencia la infinitud apenas gota de agua en el océano de lo ausente,
los cien gigantes vencidos con una piedra
rugiendo en el blanco.
2.
El Rey de los perros
–no quiero mirar más muertes-
el rey de los perros viene hacia mí,
y qué sonrisa -me aplasta mansa-
Yo anuncio:
Vacío el oro, las mieles rotan
y los siglos cesan,
bebimos verdes las copas pálidas,
tu cetro no ha caminado nunca
hacia el misterio, Gran Rey de los perros,
Sr. Muerte -excavando el túnel
con ladrillos rotos- Laberinto recto,
tus nudos bastan para atar mis venas,
de mis venas mana Sr. Muerte
–excavando el mundo-.
Cubres con tus hábitos,
regios de tarde,
hábitos amarillos para engullir los ojos.
Oh, Gran Rey de los perros:
Tras tu trono, el mundo cesa
y los sabios lloran,
el genio acaba de despistar la luna,
has cautivado la cima del misterio
envistiendo su alma.
Todos los muertos, todas las muertes
en tu hambre infinita,
dentro de tu voz Yo, dentro de la Casa
los niños duermen.
Todos los caminos conducen al alma
pero ninguno parte,
el Rey de los perros nos devora
el Gran Can llega ya a sus mismas fauces.
3.
No podemos desnacer todavía,
no han llegado los médicos
y las camillas se disponen en hilera a huirnos,
? A dónde daremos el salto,
? A qué cuna volveremos
si la noche se acaba y ya no hay materia.
Tendremos que dormir de día,
con los ojos despiertos para cambiar de estado,
que el nuestro ya no se parece
a los ángeles, sino a los híbridos,
y nos volverán la mirada
cuando queramos reunirnos y descansarnos
tomando un café larguísimo
en esas salas primeras sin paredes,
adornadas con cuadros de almas
a las que cuidan.
Van a apartar la mirada de nosotros,
pues sienten pena de regresarnos
con su rechazo, de desvivirnos,
a otro firmamento,
a otro nosotros mismos menos amable,
donde pacerá nuestra imagen
separada del rostro,
con los que no aprendieron,
abandonadas las ansias de infinitud,
los vuelos altos.
4.
En el sonido,
sobre la música,
madera de violín y de piano.
El lenguaje es denso y escurridizo,
el éter cuando se encuentra y copula
a la manera de los cuervos.
Son girasoles desnudos,
ojos en la carretera.
El metal.
La metálica niebla.
Lo metálico inconsistente vacío.
5.
Nota la piel el sudor de la máscara,
los golpes tocan leves y húmedos
el cristal,
el tiempo sucio los descubre en círculos.
Hubo sonido de ventanas rotas.
Abierta está la Casa y el hogar abierto,
allí no avanza nadie,
no te abre una mujer un monstruo,
no aparece quimera de espaldas,
furia sollozante
o esfinge, hombre, bestia,
tanta devoción
para una ausencia,
en el tejado un duende
vestido con ropajes cálidos
dirige el viento.
6.
La historia no me pertenece,
aquí todo es pensamiento,
voz sin trama o realidad de ejercicio,
las telas necesitan huecos
para sostenerse en el vacío,
solo la ausencia concibe.
La materia desea estar en ninguna parte,
despeñarse,
la materia necesita mi latitud y mi alma;
o tal vez me encuentre en el límite
en el que los nudos no terminan de cerrarse
y los cabos hambrientos gimen
apresando aire. Tal vez
nunca a Aracne la retó una diosa.
7.
Mira tu piel la mano el mapa,
la rosada presencia de la madre
deslizando sus agujas,
y afuera, Llueve,
y lejos, crecen los Árboles,
y dentro, vemos
cómo la piedra se amolda a la sangre
y brota.
8.
Estoy obligada a devolver mi nombre
a quien lo quiso. A baal, que me dará
la salvación y solo pedirá mi vida a cambio,
al tiempo, que confabuló en cada átomo
mío de existencia; a mi padre, que me convirtió
antes de nacer en lo que yo ya era.
Estoy obligada a poseer mi nombre
por quien me quiso. Pues pocos han visto
la luz que queda al deslumbrar la máscara,
la luz del rostro apegándose a la carne,
la emergencia en el deseo del instante,
ese amor tan suyo, al que me acude
la voz para entregarse.
Estoy obligada a engendrar mi nombre
libre de temores, en otro cuerpo
al que las alas eleven y no aflijan.
Un nombre a través de los inferos
de mi vientre, del espejo, requerido
por los fantasmas en su mitad de sombra,
doliente encarnación del aire
que realizará el milagro
de concebir la tierra de la que partimos.