Aroa Moreno Durán

Ilustración de Ana Cubas

 

Aroa Moreno Durán

 

Aroa Moreno Durán nació en Madrid en 1981 y es periodista. Colabora en varios medios de comunicación españoles y extranjeros. Ha vivido en México, Irlanda y Alemania. Veinte años sin lápices nuevos es su primer libro, que se publicará en mayo en la editorial Alumbre. Es la autora del blog:   "http://dehuida.blogspot.com/"

 

 

 

 

 

Aroa Moreno Durán

 

Aroa Moreno Durán was born in the city of Madrid in 1981. She’s a journalist, and has work for several Spanish and international sources. She has lived in Mexico, Ireland and Germany. Veinte años sin lápices nuevos it’s her first book, published by editorial Alumbre. You can find more about here in her blog "http://dehuida.blogspot.com/"

HA VUELTO AL AMANECER COMO UN GATO.
Vuelve y restriega
su lomo tibio por mis pies. De pronto
hay leche por todas partes derramada y un olor
a piel tostada en ciudades
a las que no les queda nada
de costa ni de humor
ni silencio para pensarse dos veces el mañana.
Y su boca
y la isla
donde el calor le ha hecho ser un gato invernal, escurridizo
de grandes ojos fijos en la nada
en esta nada gris de tantos años
de pétalos crujiendo y sábanas
cuencos de anís caliente
avena
y el estallido del pan
dilatando la leña y los suspiros
donde yo quiero vivir el resto de mi vida.
En esta nada tuya sin palabras ni música
ni sueños tan absurdos de niña puño en alto.
Y como un gato, como uno o dos o más gatos
recorrer las esquinas de la vida
los dos bajo los árboles de una ciudad ya rota
con el dolor dormido
llenos de jugo y ramas
de orillas
y sus piernas
acopladas perfectas a este salto.
Preguntar por el frío, por el vino
por todo el desengaño que produce
que le lleve hasta un bar, una cantina rota
y esté el metal ahogándola en plena madrugada
y un hombre rubio, pálido y templado
nos diga así sin más entre nosotros
-el desencanto dónde-
sin aliento ni aviso ni traidores
de una séptima vida concluyéndonos.
Como un gato que huye de la casa a la calle
interior de los dientes, su bostezo
y sacarle las uñas al futuro
lamentarnos los dos
de las torpes señales de la noche.

 


BANDERA ROJA
escuece la rabia entre los dedos
-tiempo de cometas-
un calendario deshecho
la conciencia
tambor de luna
el amor humedeciéndose los labios
hablándome
y yo
mordiéndome la lengua.


No nos hemos perdido.
Infinitas batallas nos preceden.
Raúl Zurita

 


NO NOS HEMOS PERDIDO
hemos tenido tiernas
batallas bajo el agua
perfiles recortados por la luna
palabras camicaces
y tormenta.

Hemos tocado cuerpos
arrastrados a esta orilla por las olas
hemos puesto el oído
allí donde el corazón
galopaba agitado
y sin cautela.

Pero ya sólo quedo
detenida en andenes
inmóvil, despeinada
con el barro hecho cauce
entre mis piernas
con los zapatos rotos
y esta herida en la boca
que anuncia despedidas.

No nos hemos perdido
porque sé de memoria
el vibrante dolor
de quien te lleva
de noche de regreso.

Tú mientras has seguido
poblando de naranjas
las sábanas antiguas
robándome más tiempo
deslizando tu fiebre
debajo de mi puerta.

No nos hemos perdido
y no es por suerte.

 


TENÍAS EN LA FRENTE
una herida maldita. Y en el pecho
tatuada
una mujer azul
que envejecía contigo.
Nacimos de tu rama. A horas
ordinarias, de mañana.
Reconozco tu sangre
en cada bala
cuando derramo tinta.

 


YO NO SÉ NADA DE LAS MUJERES
que ríen
tan tempranas.
Tienen el corazón
tiznado
de gotas de café
y humo de cigarro.
Su cadera se expande
sin dolores
sin los hijos colgando
sin la casa.
Las mujeres que libres
se reúnen
sin otra vocación que la mañana.
Nada sé yo de la mujer oscura
que adorna las esquinas.
Calle del Desengaño,
los yunqueros del cuerpo
golpean con su sombra
la lluvia prematura.
Tiene horarios la noche
que alzan sus cortinas
como en esta oficina
de mañana.
Nada se yo del abrigo arrugado
de la mujer
cautiva. El coche
y el frenazo
de cielo
sobre ella y en rojo,
el crujido de pétalos
perfuma su rutina
y carreteras insomnes.
Nada sé de su dolor vencido
de héroe que se esconde
de manzana brillante.
Pero todas,
lo sé,
regresan un instante
y, al menos,
unas horas
cuando duermen
reconozco sus sueños.

 


HEREDAMOS TU CARNE.
Una blandura triste.
Un timón inexacto. Heredamos,
infrecuentes,
tu risa.
Tu vacío quedó
siempre
entre los platos. Las ganas
de meternos
debajo de tus pechos.  De mirar
al chiquillo
despistado. Los hombres
que tenemos
se parecen al tuyo.
Nosotras, capitanas de barco.
No voy a perdonarte.
A la ausencia de amor
que padecemos
le hemos puesto tu nombre.
Si la tarde es opaca
desespero en tu puerta
como un perro extraviado.
Manchas de nacimiento
en todos nuestros ojos
por tu antojo
de Atlántico.

 

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