

La primera vez que puse a Joe Crepúsculo (Joel Iriarte, Barcelona) en casa no tardó en llegar la primera queja: ¿Pero qué es eso? Es una auténtica anticanción, ¿quién es ese? Eso es antimúsica, hombre, ni canta ni hace música, quita eso… Me sorprendió mucho el término: antimúsica. ¿Será? Yo en cambio me aficioné a su música de inmediato, sobre todo por su descaro, por su evidente declaración de intenciones: basta de producciones perfectas, de voces melódicas, de músicas serias. Si te tomas las cosas demasiado en serio, si no eres una persona de detalles, de matices, si te desesperas enseguida de las obras que no siguen caminos previamente trazados, la música de Joe Crepúsculo –oscura, brillante, de notas simples pero sorprendentes, de loops y samplers que se repiten y se alargan, que desaparecen para darle más importancia a una textura que en un principio parecía intrascendente, irremediablemente pop, con una voz absolutamente desganada, cansada, antimusical (por así decir)– no es para ti. Su música, digamos, es fácil y difícil de escuchar a la vez. Empecemos por el descaro y la desfachatez, por las melodías fáciles y ligeras: el artista se interesa, o eso parece, en el lado más plástico de su música: letras que en principio parecen no tener mucho sentido, o que se desvían por derroteros incomprensibles de puro inesperados, alcanzan frases sublimes y contundentes. De igual manera su música parece el resultado de pocas horas al frente de un sintetizador Casio de los años noventa: facilona, pegajosa, evocadora del techno de aquellos años. Sin embargo su obra no puede clasificarse como un producto ni remotamente comercial. Tiene alma de rockero contestatario, inconforme, crítico radical del estado actual de las cosas, pero a modo de burla, recurriendo constantemente a la ironía (ese gran descubrimiento del romanticismo) como modus operandi, al desmadre, al exceso (musical y estético). Un rockero como se debe, vaya, pero a ritmo de caja de ritmos, a golpe de caja (tarola o redoblante) y guitarras eléctricas (y acústicas) que destacan sólo de vez en cuando.
Su primer disco (Escuela de Zebras, enero de 2008) alcanza momentos verdaderamente destacables (“Guárdalo en tu corazón para cuando lo puedas necesitar”, afirma Joe Crepúsculo en la canción que abre el álbum). Se trata de un disco plagado de hits, amigable, brutal. Trata de todo cuanto sea inimaginable: escuelas de cebras donde se enseña a cebrear, jabalís corriendo por la pradera, historias de amores trágicos, telenoveleros, prohibidos, del innegable poder de dios sobre los mortales, de cazadores que cazan animales enjaulados, de las fiestas de pueblo, los viejos, los jóvenes, los niños, de las fuerzas etéreas (contra las que nunca se debe luchar), de la navidad, la voluntad vital y las ganas de compromiso, de la muerte, la autoindulgencia, la humillación. Todo a golpes de tecla Casio y una desgana muy propia de los tiempos que corren. Recuerda vagamente a Casiotone for the Painfully Alone, a Carlos Ann, a Fangoria, a Los Súper Elegantes. Parece que graba sus canciones después de noches y noches de juerga.
Su segundo disco (Supercrepus, noviembre de 2008) apareció sólo algunos meses después de la publicación del primero. En esta ocasión, además de hacer evidente que nos enfrentamos con un artista prolífico, el álbum consta de veinte temas igualmente buenos que los del anterior. Sin embargo se trata de una obra un poco más dura, más ardua para el escucha, quizá por su extensión. Aún así contiene una buena cantidad de hits igualmente inesperados y originales. Por hits debemos entender hits en potencia, claro. De hecho y para subrayar esto último nos remitiremos a una anécdota ajena: El Guincho, de gira por Australia, me parece recordar, al llegar a una estación de radio y ser preguntado por la música que se hacía en Barcelona puso una canción de Joe Crepúsculo… Reacción: Éxito inmediato. Esta vez: barajas de cuchillos, medusas veraniegas, pérdida del hogar, amores perdidos, las olimpiadas, la espada de Damocles (eternamente sobre la cabeza), algunos faunos, la libertad, el calor, rayos que atraviesan las heridas son algunos de los elementos que habitan la obra. Actualmente el artista cierra los últimos detalles de su tercera producción: Chill Out.
Algunas de las frases memorables de sus canciones: “antes comíamos trigo, ahora comemos pan, pero en realidad nos da igual”; “mi mamá me está buscando un hombre de dinero, pero tú me haces ver el mundo de otra manera”; “sólo el creador supremo nos puede aniquilar”, “cuando ibas a disparar se te notaba tan contenta”; “en la fiesta mayor este año me lo voy a pasar mejor”; “de jóvenes nos las arreglamos para gustar, en cambio los viejos para no molestar”; “cada niño que viene al mundo es mejor que el anterior. Lo sabio del mayor es mentira”; “esto suena brillante, esto sí suena brillante”; “la rueda más ancha es más eficaz”; “no es fácil amar en tiempos de democracia, cuando la moral ha perdido toda su eficacia y esplendor social”; “Este ya no es mi hogar, caja de lluvia ¿qué vas a hacer por mí?”; “porque fue la canción del verano, la canción de nuestra vida, como un rayo que atraviesa las heridas”.
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The first time I played Joe Crepúsculo (Joel Iriarte, Barcelona) at home my roomate’s complains didn’t take long: “What’s that, man? That’s what I call an anti-song. Who’s that? That’s anti-music, man, he doesn’t sing or play real music, turn it off…”
I was pretty surprised by the term he used: Anti-music. Could it be? I, on the other hand, liked that music immediately, mainly for its impudence, because of its statement: we’re tired of perfect productions, melodic voices, serious music. If you take thing too seriously, if you’re not a person of details and shades, if you get tired quickly when you listen to works that don’t follow previously drawn roads, Joe Crepúsculo’s music (dark and shinny, with simple yet amazing notes, and loops and samplers that continuously repeat and extend and disappear to give importance to a texture that wasn’t important at all in the begging of the song, irremediably pop, with an absolutely lethargic, tired, anti-musical voice, so to say) is not for you. His music, let’s say, is easy and hard to listen at the same time. Let’s start with the impudence and the brazenness, with the easy to listen and light melodies: the artist is interested, or so it seems, with the most plastic side of his music: lyrics that doesn’t seem to make much sense at the beginning, or that turn aside unexpectedly from its main line, finally reach some sublime and strong concepts. His music also seems to be a result of poor work in front of a 90’s Casio synthetizer: very easy and catchy, evocative of that decade’s techno. Nevertheless his music can’t be classified as commercial. He’s got a rocker’s soul. Critic of the present state of things but not in the usual way but through irony. Through excess (both musical and aesthetic). A rocker with loops and beats and 90’s party groovebox rythms.
His first record (Escuela de Zebras, january 2008) reaches some really outstanding moments. It is an album full of hits. Friendly, playful and brutal. It’s about everything you can imagine: zebra schools in which they teach how to zebrarize, wild boars running in the prairie, tragic, forbidden love stories that could perfectly fit a soap opera script, the undeniable power of god over mortals, about hunters that hunt animals inside cages, traditional parties, old people, young people, children, about ethereal forces (to which you can never oppose), christmas, vital will and compromise, death, self-indulgence , humiliation. Everything with a Casio tone behind and lethargic tone that automatically fit to our time. It vaguely sounds like Casiotone for the Painfully Alone, Carlos Ann, Fangoria or Los Súper Elegantes, following the low-fi current that often reminds to Panda Bear. It sounds as if Joe Crepúsculo gets into the studio after many nights of wild parties.
His second album (Supercrepus, november 2008) came out just a few months later than the first one. In this occasion, apart of showing us how prolific he can be, the record has 20 songs that are as good as the previous ones. Nevertheless it’s a work that is a little bit harder to listen, maybe because of its extension. Yet it has a good amount of equally unexpected and original hits. By hits we mean hits-to-be, obviously. In fact there is an anecdote about Joe’s capacity to surprise: when El Guincho was on tour in Australia he went to a local radio station, and when he was asked about Barcelona’s music he put a Joe Crepúsculo song he loves. The reaction: instant success. In this album we can hear about knife cards, summer jelly fishes, the loss of that place called home, lost loves, the Olympic games, the sword of Damocles (ever expectant over our heads), some fauns, freedom, heat and thunders. In the present Joe Cepúsculo is working on his next album's (Chill Out) last details.
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